miércoles, marzo 24, 2010

Final hetero, final feliz



Acabo de ver que mi blog ha superado las 10.000 visitas, así que me ha dado un subidón del quince y, aunque estoy en el trabajo, me he lanzado de tapadillo como una posesa a actualizarlo: "mis lectoras se merecen un post nuevo", he pensado cual escritor mesiánico. Así que aquí estoy, encomendada a la tarea de escribir algo nuevo y sin saber sobre qué hacerlo...

[...]

Tras un rato de navegación encuentro la inspiración: Leo en la web cinelgbt.com que Malasia va a permitir por fin que haya personajes homosexuales en las películas que allí se hacen, eso sí, siempre que acaben en "fimal feliz", es decir, siempre que se transformen en heterosexuales.

Por mucho que nos impresione, ese horror de la transformación del homosexual en heterosexual es algo a lo que ya hemos asistido, y repetidas veces. ¿Nadie se acuerda cuando a mi admirada Tina Kennard le da por irse a vivir con un aburrido tipejo que se corta las uñas de los pies enmedio del salón de la casa? Creo que todo ese horror sucede en la tercera temporada de The L Word, la que, he de confesar, he rehusado una y otra vez volver a ver porque no soy partidaria de escenas como ésta, que pueden herir la sensibilidad de las 'lesbiespectadoras'.

También es cierto que esa transformación, reversible por cierto, se produce después de tirarse a todo el bollerío de Los Ángeles  mientras estaba preñada. Después, vaya por Dios, le dio por ir de 'straight', pero duró poco.

Permanente sí ha sido una transformación, ésta en la vida real, o al menos en la mediática, porque de ella sólo sabemos a través de los medios de comunicación: hablo aquí de la macizorra Angelina Jolie, quien cambió sus escarceos con tipas que a buen seguro estaban buenísimas por una relación con el soso Brad Pitt y por el pastoreo de un rebaño de niños a los que llevan cual ovejas de un país a otro. Aunque lo cierto es que están a un tris de separarse, así que de final heterosexual, nada de nada. Seguro que acaba con una tipa que la entienda y a la que ella entienda. Que tomen los malayos nota: el final feliz no es siempre el heterosexual.
  

viernes, marzo 12, 2010

La 'lesbianada' del traje chaqueta


Me pregunto por qué en toda boda entre lesbianas que se precie una de las dos cónyuges tiene que llevar traje de chaqueta. La interrogante en sí ha surgido tras ver la foto que pongo ahí arriba, y que corresponde al primer enlace gay en Washington. En esta foto, como se puede ver, no es una la que lleva traje de chaqueta, ¡¡¡sino que son las dos!!!.

Tras ver esta imagen he tirado de mi memoria y, mira por dónde, incluso la única boda -que al final fue una no boda- que hay en 'The L Word' perpetúa este tópico: si no recuerdo mal Shane iba pertrechada con un estiloso esmoquin, a lo Carme Chacón, cuando dejó a su novia plantada en al altar.

Ahora me asalta una duda: ¿Esta tendencia en el vestir se debe a que en toda pareja de lesbianas hay una que lleva los pantalones? o ¿simplemente es que algunas nos vemos más favorecidas con el dichoso trajecito que con un remilgado vestido de tarta de bodas? Quizás sea un acto más de rebeldía ante el estereotipo de mujer dominante, como el de Carme Chacón en la Pascua Militar.

En todo esto estoy cayendo mientras escribo, lo confieso. Antes de empezar este post veía lo de la boda con traje chaqueta como una 'lesbianada' -permitidme la expresión-, pero igual tiene un sentido. Yo, la verdad, creo que si me pusiera un vestidito de esos blancos para casarme dejaría de ser yo. Y tampoco es plan, cuando te casas -¡pánico me da sólo pensarlo!- tienes que dejar una parte de ti, pero tampoco es plan de convertirte en la Barbie Bodas.

Estoy escribiendo esto y me estoy acordando de uno de los episodios más traumáticos de mi infancia: mi comunión. Mi madre me compró el vestido con muuuuucha antelación, y cuando fui a probármelo la semana antes de que me dieran la hostia de rigor aquell me quedaba pequeño. Así que me tuve que tirar una semana entera a régimen. El vestido entró a duras penas y tras acabar el primer plato del convite estaba a punto de reventar y tuve que cambiarme.

Conclusión: si alguna vez me caso, creo que seré de las que lo haga con traje chaquetas. Mi novia es más estilosa que yo llevando vestiditos y, para qué negarlo, a mí el traje me da cierto aire de... No sé como decirlo... Sí, cierto aire de autoridad, como a mi admirada Bette y como a la ministra Chacón.

miércoles, febrero 03, 2010

De peluquera a cirujana de trasplantes


¡Cuánto han progresado las chicas de The L Word al acabar la serie! Si Carmen pasó de ser la novia de la tía guaperas a eficiente policía anti crimen con compañero dotado de poderes extrasensoriales en 'Life' y a Dana se la cargaron para que pudiera ejercer de fiscal con mala baba en no recuerdo qué otra serie policíaca, ahora le ha tocado a turno a vuestra deseada Shane. Digo vuestra deseada porque a decir verdad a mí nunca me ha puesto ni ná de ná. La veo más bien soseras, con un cierto aura mística pero nada que ver con mi Bette.

 

Eso sí, progresar ha progresado mucho más que Bette al concluir la serie: la que fuera directora del Centro de Arte Contemporáneo de Los Ángeles se ha quedado en simple abogada en 'Lie to me' y su protagonismo se limita al de ser la mujer de Carl Lightman, ese supersicólogo que sabe si alguien miente o no simplemente mirando la jeta que pone, aunque dudo que con lo expresiva que es Bette pueda sonsacarle algo sólo mirándola.

A decir verdad, lo de Shane ha sido un auténtico pelotazo: de peluquera en The L Word ha pasado a ser cirujana de trasplantes -¡¡¡toma ya!!!- en 'Three rivers', una serie entre el folclorismo ye ye de 'Anatomía de Grey' y el realismo de CSI, sólo que en lugar aplicar ese realismo a golpe de videoclips a las escenas con las pruebas forenses lo muestra con los trasplantes de corazón, de hígado, de pulmones y de todo lo que se pueda trasplantar. Por supuesto, los súper doctores de esta serie cuentan con todas las tecnologías a su disposición y creo que incluso en el baño tienen pantallas tactiles -de esas que se pasa la mano y cambia- para comprobar las constantes vitales de sus pacientes.

El papel de Shane, bueno, Katherine Moenning, es más bien soseras: es una joven cirujana, amable y comprensiva con sus pacientes pero resentida con su padre. Sí, ya sé que así explicado es bastante parecido al que tenía en The L Word, porque Shane era comprensiva con sus clientas y estaba resentida con su padre, sobre todo después de que éste se gastara en putas el dinero para el regalo de bodas de su hija que le dio la pija de Helena Peabody.

Pero sí que hay una diferencia muy importante entre ambos personajes: en 'Three rivers' Katherine no se tira a nadie, ya sea hombre o mujer. Aparece como una ameba, asexuada, aunque mi novia y yo llevamos esperando desde el primer capítulo -a lo tonto ya nos hemos cargado cinco o seis- que se meta en la cama con cualquier paciente buenorra.

Me parece a mí que va a acabar la serie y no va a haber manera de que eso pase. Además, 'Three rivers' es taaaaaann buena ya que han anunciado que no habrá segunda temporada, lo que supone un pequeño paso atrás para la Moenning pero un gran favor para sus fans.

lunes, diciembre 14, 2009

Houston, houston, tenemos una alcaldesa lesbiana


Pues sí: ayer nos despachamos con esa noticia. En Estados Unidos, meca del puritanismo, habrá una alcaldesa abiertamente lesbiana, eso sí, echada del armario un poco a patadas porque su rival quería desacreditarla atacando su identidad sexual... ¡Toma castaña!

Así que el tipejo candidato rival, un tal Locke que contaba con el apoyo de los sindicatos, de los latinos y de los negros, ha perdido y ha tenido que tragarse la foto de ella con su pareja celebrando la victoria, esa misma foto con la que muchos nos hemos desayunado aquí en España y que ha hecho que el café se digiera hoy mejor.

Dicho esto quiero romper una lanza en favor de mi pueblo, porque durante muchos años ha estado mucho más adelantado que Houston: nosotros hemos tenido un alcalde abiertamente homosexual desde los años del franquismo. No es que el alcalde sea santo de mi devoción, porque era -ya no es alcalde, afortunamente- un tío populista, que se alineó con Jesús Gil durante la época del urbanismo más feroz en Marbella: ambos dieron mítines juntos al ritmo de 'It's the final countdown' de Europe y ambos llenaron de hormigón sus respectivos municipios.

La Costa del Sol es así, ¡oh yeah!, y, aunque nuestro alcalde jamás dijo abiertamente en un mitin o similar que era gay, su condición sexual era un secreto a voces en el pueblo. Secreto a voces hasta que, en 1989, cuando por añadidura era senador de la entonces AP, lo pillaron en un yate en aguas de Gibraltar rodeado de jovencitos y con cocaína suficiente para tumbar a varios elefantes. Aquello salió en todas las televisiones de la época, llenó páginas de periódicos. Aquel senador pasó por un calabozo gibraltareño, se fue de AP y fundó su propio partido.

Después de todo aquello, aunque pueda parecer increíble, volvió a salir elegido alcalde, cargo que ocupó hasta las últimas elecciones municipales, cuando el urbanismo salvaje que había practicado acabó fagocitándolo. Dicho esto me queda una duda, ¿mi pueblo qué es: un ejemplo de tolerancia o un símbolo de la España profunda que no muerde la mano del señorito que le da de comer a pesar de que se dedique a esquilmar el suelo que es riqueza de todos?

lunes, octubre 12, 2009

Mola ser ejemplo

Yo flipo con los colegas que critican todo lo que hace Zapatero. No es que la subida de impuestos que me va a tocar de lleno por ser eso que los periódicos denominan "clase media" me haya caído lo que se dice bien, pero en general veo más aceptable lo que hace ZP que lo que hizo Aznar, sobre todo con las políticas sociales.


En el paquete ese de las políticas sociales va incluido, cómo no, la legalización del matrimonio entre homosexuales. Para mí es un orgullazo que en Estados Unidos pongan como ejemplo a España de país evolucionado porque aquí sí que nos podemos casar dos personas del mismo sexo, hacer la declaración conjunta y tener los mismos derechos que cualquier pareja heterosexual. Olé.


Toda esta reflexión viene a cuenta de la marcha que ha ha habido en Washington para pedir la igualdad de derechos en Estados Unidos entre homosexuales y heterosexuales. Uno de los líderes hablaba de España como referencia de a lo que debe aspirar Estados Unidos, la misma España que aún es conocida en medio mundo por exportar la palabra machismo. Mola sere referencia en esto.

martes, septiembre 15, 2009

Gay friendly

Me voy de vacaciones a Berlín y, sí, me voy a un hotel 'gay friendly', algo que no sé demasido bien qué significa pero que supongo es lo pertinente si me voy con mi chica. Una vez nos fuimos a un hotel que no era gay friendly en Oporto, ciudad que aparece en la imagen de la izquierda.


Yo, en un arrebato de romanticismo reservé por internet en un moderno hotel de una cadena española el paquete romántico, que incluía cama de matrimonio, botella de champán a la llegada con canastilla de frutas incluido. Y allí nos presentamos las dos. Nada más llegar la recepcionista nos miró de arriba abajo, acto seguido miró su hoja de reservas y después volvió a mirarnos a las dos.


"¿Cama 'do matrisosao'?", preguntó. Las dos asentimos: "Sí, sí una cama para las dos". Se ve que no quedó muy claro porque en la habitación había dos camas y ni rastro de la botella de champán ni de la canastilla de frutas. "Seguro que nos la traen en un ratito".


No sé si lo he dicho, pero yo soy una optimista impenitente y siempre pienso que las cosas van a ir a mejor. Nos fuimos a dar una vuelta y, al regresar al hotel, tampoco estaba la botella de champán ni la dichosa canastilla de frutas.


"Pues seguro que nos la ponen mañana a mediodía". Al día siguiente seguía sin haber rastro del "paquete romántico", así que me dirigí a recepción, en la que estaba la chica del día anterior. Con un castellano "aportuguesado" intenté hacerme entender. La mayoría de los portugueses hablan español, pero creo que aquella chavala no estaba "por entender".


Me costó que se enterara que yo había reservado el paquete romántico -menos mal que me llevé la página con la reserva de internet-. Una vez que captó lo que le quería decir llegó la pregunta: "¿Pero son dos mujeres?". "Pues sí, somos dos mujeres que hemos reservado un paquete romántico y que queremos disfrutar del champán y de la puta canastilla de frutas". A los cinco minutos estaba la botella y el cesto en nuestra habitación.

martes, agosto 18, 2009

El morbo de las tías cachas

Todo tío que se precie piensa que a las lesbianas nos gustan las mismas tías insulsas que a ellos. Sí, esas canijazas tipo modelazo que sólo lucen tetas y candidatas a desarmarse en cualquier momento. Habrá a las que les guste este tipo de tías, no lo niego, pero no es mi caso: a mí me molan las tías cachas, sí, esas que ahora se pasean por la pista del estadio olímpico de Berlín marcando bíceps, exhibiendo abdominales y enseñando tatuaje.

No sé por qué pero las atletas me ponen. También me gustan, of course, las intelectuales tipo Bette Porter luciendo traje de chaqueta, no lo niego, pero una tía lanzando peso tiene, ¿cómo lo diría?, algo de primario, de animal, algo que roza lo radical. Además me divierte que los tíos se sientan asustados ante ese tipo de mujer: me consta que la mayoría en cuanto están delante de una tía con más bíceps que ellos se sienten desarmados.

Por supuesto que hay tías atletas y tías atletas, pero ahí arriba dejo la foto de la campeona del mundo de lanzamiento de peso, Valerie Vili, neozalandesa y con un algo que no sé. Seguiré al acecho durante este campeonato del mundo, a ver si tengo suerte y realizo otro hallazgo similar a Vili. Se admiten sugerencias.

miércoles, junio 24, 2009

"Chapero sí, pero de lujo"


Que la sinceridad vaya por delante: este post, el que voy a escribir a continuación, es un robado. Ha sido escuchado hace un rato en una playa nudista de la Costa del Sol -permitidme que no diga el nombre para no dar excesivas pistas- y ha provocado que me quede bastante alucinada. Y es que a menudo se me olvida que por aquí hay unos personajes que ya los quisiera para sí ese barrio gay súperpijo de Los Ángeles en el que viven todas las protagonistas fabulosas de The L Word. Es cierto que la realidad supera en bastantes ocasiones a la ficción y ésta es uno de ellas. Es una de ellas o yo soy una timorata que se ha caído de un guindo.


Os cuento: mi doña y yo nos hemos ido esta tarde a pasar un rato a la playa, a ver si de una vez se broncea la teta y el culo porque con tanto pádel nuestro moreno es más de albañil que de dos señoras respetables. Como vecino de toalla teníamos a un canijo renegrío que peinaba ya alguna cana y que no dejaba de sobarse el mandingo, también renegrío, of course. Debajo de él había un par de gays finolis -por aquí llamamos finolis a la gente de Despeñaperros para arriba, aproximadamente- recién llegados -lucían un blanco tipo pared encalada- a pasar unos días de vacaciones.


De repente se han puesto a pegar la hebra. Bien. En este punto he de decir que quien hablaba era casi de forma exclusiva el canijo renegrío, quien mientras continuaba sobándose el mandingo -tirón de pellijito para arriba, tirón de pellijto para abajo, reposicionamiento hacia la izquierda- contaba que él en verano gana muy buenas pelas, porque se va a una casa en la que se puede levantar 3.000 ó 4.000 euros en un par de semanas.


Ahí es donde yo he pegado el oído, he de confesarlo, porque hasta ese momento leía con voracidad. Además, no sé por qué, en ese punto es también en el que el sobón ha levantado la voz para que sus vecinos de toalla -y de paso mi doña y yo, que estábamos al lado, además de media playa- se enterarán con claridad de lo que contaba.


Y lo que ha contado es algo sobre alguien, que pesaba cerca de 200 kilos y que, pobrecito, había roto la cama. "Pues eso lo pagas tú, pero que no te dé vergüenza, porque al pobre le daba vergüenza", ha explicado. "Es que el chico es cocinero y claro, con tanto picar entre horas no adelgaza", ha continuado, lamentándose a continuación del complejo que arrastra el chaval, y con sólo 27 años. "¿No me dijo que cerrara los ojos que iba a pasar delante de mí desnudo para ducharse? Yo le dije: yo miro para el techo, pero cerrar los ojos, no los cierro".


En este punto yo estaba ya completamente entregada, el libro guardado en la bolsa y mi menda haciendo como que dormitaba. Y el colega seguía largando. Eso sí: sus vecinos de toallas hacían de vez en cuando algún inciso, del tipo "pues ya ves, tú cuentas todo lo que sabes en un programa de esos de la tele y te sacas un filón". Y el otro asentía con la cabeza mientras seguía mandingo va, mandingo viene. "Ya ves, si yo he estado con el padre de un futbolista del Real Madrid. Pero tres años, ¿eh?, que cada vez que venía a su casa de Marbella me llamaba y yo he comido allí y todo y me ha presentado a su hijo, porque la familia sabe esas cosas pero lo disimula".


"Para esto es muy importante tener un buen coche. Eso sí. Porque si tú te presentas en tu coche nuevo, eso es que da mu buena impresión cuando vas a recoger a alguien al hotel o a algún sitio", ha seguido disertando el colega. "Ya ves, yo empecé en esto en Marbella con 19 años porque tenía una 600 y me quería comprar una 750 y en un fin de semana me levanté las 100.000 pesetas que me hacían falta. Y a mí me gusta, para que te voy a decir que no. Además, que me da igual hacerlo con una tía o irme a Madrid o donde sea. Mientras me paguen el viaje".


"Eso sí, lo importante es ir por lo claro", ha continuado, "porque por ejemplo el otro día, aquí en la playa, le sonreí a un hombre mayor y cuando me iba, me siguió hasta los aparcamientos y me guiñó un ojo. Entonces yo le dije 'si tienes un talón, lo que quieras'. Ah, yo no sabía, me contestó él, pero tengo aquí 30 euros. 'Uy, pues con 30 euros llena el tanque del coche que yo soy un chapero, pero de lujo'.


Dicho esto, se ha mudado a la toalla de sus vecinos como por arte de magia y ha continuado contando sus historietas. Nosotras, nada más salir de la playa, nos hemos topado con el cartel cuya fotografía ilustra el post, aunque, visto lo visto, pocas ganas quedan de circular por la acera de enfrente.

* Gracias a mi Doña, por la fotografía, y por aguantar estoicamente mi enganche a la conversación narrada mientras tomaba el sol.

** Me ha picado la curiosidad y he buscado algo de documentación sobre el asunto.


lunes, junio 15, 2009

¡Oh! ¡Es ella!

Cuando pensaba que todo estaba perdido y que no volvería a ver a mi Bette Porter en la pantalla, un halo de esperanza entró a través de mi televisión: allí estaba ella, enchaquetadita y con la mismita cara que en The L Word. Sí, allí estaba Jennifer Beals, aparecida de sopetón en una serie en la que ni se le esperaba ni, a priori, estaba invitada con el mismito empaque de persona responsable, seria y competente. Eso sí, heterosexual.


Hetoresexual y coladita por el protagonista de 'Lie to me', serie a cuya primera temporada me he enganchado con profusión gracias a ese 'peaso' de personaje que es el doctor Lightman, experto en analizar las microexpresiones faciales y así, de paso, atrapar a los malos malísimos que pululan por las calles de Washington.


Bette Porter -¿o quizás debería decir ya Jennifer Beals?- hace de su ex mujer, quien aún sigue enamorada hasta las trancas de este peculiar personaje que no se parece en nada a la inteligente y pausada Tina Kenard. La separación la causó la afición extrema del doctor Lightman a analizar las microexpresiones del rostro: la pilló en todos los renuncios y al final ello acabó mandándolo al garete. Y eso debe de ser difícil, porque con la 'amplia gama' de expresiones de la Beals, tiene que ser casi imposible saber en qué piensa por su rostro.


Lo cierto es que su presencia en dos capítulos de la primera temporada de esta serie -además, por sorpresa- ha hecho que pueda volver a verla, aunque sea sólo durante unos instantes y perdida ya para siempre para la causa lésbica.

viernes, mayo 29, 2009

Estoy de vuelta

Pues eso: que tras tres meses de silencio ya es hora de volver a aparecer por aquí, digo yo. Pero es que entre cambios estructurales en el trabajo (con nuevo horario y con más responsabilidades) y el descontrol que ello lleva implícito, la vuelta de mi novia a la casa (ha estado más de dos años fuera de gira por Andalucía por motivos laborales) y las obras (sí, somos muy valientes, incluso inconscientes, diría yo) no ha habido manera de hincarle el diente a este, hasta no hace mucho mi blog.


Ahora retomo esa labor autoimpuesta de verter aquí mis ideas, dudas, pensamientos críticos, humorísticos y cualesquiera otras historias que surjan para compartirlas con todas vosotras. Y vosotros, porque supongo que algún lector sí que habrá por ahí perdido.


Y lo primero, pues es lo primero, aunque llegue tarde. Y lo primero no puede ser otra cosa que comentar el final de mi serie preferida, esa de la que soy tan freaky que me he puesto la sintonía como melodía del móvil. Sí: ahora me llame quien me llame suena esa musiquita que tan bien conocéis (conocemos)... This is the way, it's the way that we live... And love... Yes, yes... Todavía nadie me ha preguntado en el curro que qué es esa música y cuál es el motivo que me ha llevado a que cambie mi manida sintonía de La pantera rosa por esa melodia. Ya llegará el día...


Mientras tanto, sí que puedo asegurar que la última temporada de The L Word ha hecho que sea un poco menos fan de la serie. ¿Pero cómo han podido dejarlo todo tan abierto, por mucho spin off que vayan a hacer o por mucha peli que quieran vender? Tremenda indecencia y tomadura de pelo para nosotras, grandes seguidoras, que nos hemos cargado la friolera de seis temporadas siguiendo las aventuras de toda la pandilla.


Lo que sí ha sido un gran acierto, debo decir, ha sido cargarse a Jenny... ¡Bien! Si no encuentran a la asesina, yo me ofrezco de voluntaria... Y eso sí: para la eternidad lésbica quedará una frase: "Eres más mala que Jenny Schecter".

viernes, marzo 13, 2009

Asesinada y violada por lesbiana

Desde hace unos días tenía la firme intención de hoy actualizar el blog. Después de estar un mes volcada en el trabajo era buen momento para relajarme siendo irónica y perversa. Mi idea era escribir algo divertido, en la línea de lo que suelo hacer en estas páginas, pero esta mañana me he topado con esta noticia en elmundo.es: 'Eudy Simelane: violada y asesinada por lesbiana'.

Las que hagáis click hoy ahí os daréis cuenta de que es la noticia más leída de la jornada en ese digital. ¿Morbo? ¿Interés? ¿Está bien titulada? Supongo que es un cóctel de todo eso. Ha sucedido en Sudáfrica y por lo visto es algo habitual que a las lesbianas las violen como correctivo. Los hombres que las violan piensan que así cambiarán de idea y se volverán heterosexuales.

En la noticia de elmundo.es no hacen, sin embargo, ninguna alusión a la raza de la asesinada hasta el décimo párrafo. Sudáfrica es sinónimo de 'apartheid', pero en el texto que han colgado en la web -una traducción de una información de The Guardian, creo- eluden hablar de razas. Sí que cuentan que Eudy Simelane era una brillante y querida futbolista, pero no dicen de manera específica que era negra hasta casi el final de la noticia, en la que también cuentan que en el caso de Simelanes es por el primero que un hombre ha sido encarcelado. Lo que no dicen en ningún momento en esa información es la raza del hombre.

martes, febrero 10, 2009

Algo se mueve

Ya sé que llevo más de un mes sin escribir en éste, mi blog. Pero es que desde que sé que internet va a dejar de ser un hobby para convertirse en breve en el centro de mi trabajo he desarrollado una resistencia importante a acercarme, siquiera, a los ordenadores. Aunque siempre escribir aquí será, sin lugar a dudas, más divertido que esa misión que tiene para mí reservada el destino, así que seguiré dando la tabarra con mis historietas.

También influye en esta resistencia las consecuencias de la ya conocida como "la fiesta de las ostras". La más inmediata fue que mis compañeras de gimnasio abrieron el inevitable grupo del Facebook en el que ahora se dedican a escribir en el muro mensajitos subidos de tono pidiendo más fiestas similares, sin hombres, y con una carga erótica explícita. ¿Cómo si no se puede interpretar que abran un foro de debate sobre qué es más cómodo para hacer deporte, si usar sujetador deportivo o camisetas con sujetador incorporado?

No sé si me he vuelto muy mal pensada o es que veo doble sentido en todo, pero para mí que detrás de esa pregunta sobre los sujetadores hay una intención oculta. Me temo que alguna que otra se está replanteando su orientación, sexual, por supuesto, y no sé que influencia puede ejercer lo que cuento aquí. Para mí que los paseos por este blog pueden resultar dañinos para la salud emocional de alguna que ya me ha pedido que le pase las cinco temporadas de The L Word y los capítulos ya emitidos de la sexta. Ése es el primer síntoma de que algo se está moviendo. Para mí que se avecina una época de cambios.

domingo, diciembre 28, 2008

"¡Estoy harta de pepinos, quiero ostras!"

Yo soy de esas personas que creen que todos somos, en cierta medida, bisexuales. No hay nadie que de forma exclusiva se sienta atraída por las personas de su mismo sexo ni nadie que lo haga sólo por alguien del sexo contrario. Para mí esa premisa es una creencia que la vida se empeña, una y otra vez, en demostrarme que es cierta.

Y la última vez que la vida me dio esa satisfacción fue ayer mismo. Eso sí, he de advertir que para contar esta historia me veo obligada a alterar datos relativos a identidades o al entorno en el que estos hechos sucedieron. La autoestima de varios maridos está en juego.

Todo sucedió ayer en, digamos, una cena de esas navideñas, tan fraternales y llenas de momentos de exaltación de la amistad promovidos por la ingesta masiva de alcohol, organizada por las compañeras del, por ejemplo, gimnasio en el que coincidimos cada mediodía en la clase de pilates.

Lo que en principio iba a reunir a sólo una docena de colegas que comparten ese momento tan íntimo que es contraer en grupo la pelvis se convirtió en un encuentro masivo al que también acudieron las que van por la mañana a pilates, las que van por la tarde, las seguidoras del body balance y las que tienen en la clase de abdominales su tótem de lo que es sudar de verdad en el gimnasio.

Resumiendo. En total nos juntamos medio centenar de mujeres, muchas de las cuáles no nos habíamos visto en la vida. A pesar de todo, en aquel grupo tan variopinto superábamos de manera ostensible el porcentaje medio de lesbianas, y así por lo alto calculo que el 15% entendiamos... Salidas del armario, claro, porque el resto fue saliendo a medida que avanzó la noche y que el Cacique comenzó a hacer sus efectos.

Nada más acabar la comida empezaron las primeras muestras de cariño. La guerra de migas de pan dio paso al bailoteo. Fue entonces cuando llegaron los primeros refregones al son de esa salsa que se llama 'Valió la pena' de Marc Anthony. Los balanceos de los culos y las oscilaciones de las tetas eran compasados por manos todavía inocentes que palpaban los traseros al son de la música del cubano.

Todo inocente. Nada libidinoso. El problema es el alcohol, que saca la lesbiana que todas llevamos dentro, y el alcohol no tardó demasido en extender una manto de deseo en aquel bailoteo incesante. Pronto llegaron las confesiones: "Con lo bien que se os ve a las parejas de lesbianas, es que a una le da ganas de mandar al marido a la porra y liarse con una mujer", nos comentaba voz en grito una de las alumnas más aventajadas y con el vientre más plano de la clase de pilates.

Ella fue, precisamente, la que acabó bailando con los pantalones muy por debajo de la cadera, mientras que, digamos, una de las monitoras de body balance pegaba su cara a la rajilla de su culo que, obviamente, se encontraba a la vista. Mientras tanto, aquella idea apuntada por algunas -sí, probar qué es estar con una mujer a pesar de estar casadita y con niños-, a medida que pasó la noche se convirtió en clamor, e incluso llegaron a programarse futuros encuentros.

Entonces yo me ofrecí como asesora. "No, no hace falta, yo estoy más que acostumbrada a tener que acabar por mi cuenta la faena, así que sé de qué va esto, y al fin y al cabo, todas tenemos lo mismo ahí abajo", me contestó la monitora de body balance que sólo un rato antes estaba refregando su cara por la rajilla del culo de la alumna aventajada de pilates.

En ese momento yo sólo pude argumentar que la perspectiva cambiaba al estar con otra mujer y que, con experiencia y paciencia, todo era posible, incluso lograr en tu pareja el conocido como "efecto aspersor", desconocido por una amplia parte de la audiencia, que puso cara de póker y dijo que no tenía ni idea de qué era aquello. En defensa de la monitora de body balance he de decir que ella sabía perfectamente de qué estaba hablando, lo que me dejó mucho más tranquila, porque la alumna aventajada de pilates no paraba de berrear: "¡Estoy harta de pepinos, quiero probar las ostras!


* Si has estado en una fiesta de esta calaña, por favor, por favor, narra tu experiencia.

** Si tú también sabes qué es el efecto aspersor, sé valiente y cuéntalo.

*** Gracias a La Susodicha y a su Doña que hicieron posible este momento irrepetible como organizadoras consortes del encuentro.

**** La ilustración del Pepineitor es el logo de un club de fútbol. Sin palabras, pero el dibujo me venía muy bien para el post.





jueves, diciembre 11, 2008

Con la Iglesia hemos topado

Leo un reportaje en el periódico El Mundo sobre la violencia doméstica entre homosexuales. Existir, existe, viene a decir. Y el Ministerio de Igualdad mira para otro lado, ese el de la miembra Aído, mira para otro lado, viene a decir también. Supongo que no somos tan diferentes. Supongo también que a El Mundo le apetecía también meterle el dedo en el ojo a la ministra menos valorada del Gobierno.

Sigo leyendo el periódico y me topo con el nuevo obispo de Málaga, Jesús Catalá Ibáñez, el que sale en el centro en la fotografía de la derecha. "Si dicen en sus periódicos que estoy en contra de los homosexuales, mentirán", dicen varios titulares. Este hombre incluso declara que tiene "cariño" a los homosexuales, como personas, porque en lo que respecta a la valoración moral que tiene de su orientación sexual se remite a lo que dice San Pablo.

Y ahí va sólo una perlita de lo que dice San Pablo: "De la misma manera, también los hombres, dejando las relaciones naturales con la mujer, se encendieron en sus pasiones desordenadas unos con otros, cometiendo actos vergonzosos, hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución que corresponde a su extravío". "Como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, los entregó Dios a una mente reprobada, para hacer lo que no es debido". "Se han llenado de toda injusticia, maldad, avaricia y perversidad. Están repletos de envidia, homicidios, contiendas, engaños, mala intención". "Son contenciosos, calumniadores, aborrecedores de Dios, insolentes, soberbios, jactanciosos, inventores de males, desobedientes a sus padres, insensatos, desleales, crueles y sin misericordia".

¿Hubiera sido ético que los periódicos titularan con que el nuevo obispo de Málaga considera que los homosexuales tienen una mente reprobada y están repletos de envidia y de mala intención, tal y como lo consideraba San Pablo? Yo creo que sí. Aunque siempre sabiendo que a Catalá Ibáñez no le dolería mostrar la primera noticia, esa de los malos tratos publicada en El Mundo, para defender a capa y espada las tesis de San Pablo, por mucho cariño que nos tenga y por mucho que rece para hacernos hallar el camino de la salvación, salvación que, por otro lado, a mí me trae al pairo.

martes, diciembre 09, 2008

La RAI censura, Tele5 no enseña










Sólo había una serie con personajes lésbicos a la que no me había enganchado hasta ahora: Hospital Central. Pero lo inevitable ha sucedido. Ya puedo decir de forma oficial que soy una "hospitaladicta" pendiente los miércoles por la noche a Tele5. Y todo ha sucedido tras un intenso visionado a través del youtube de lo acontecido durante todos estos años de emisión entre Maca y Esther (por cierto, ¿no véis a ésta pareja ciertas similitudes con la de Bette y Tina?, una fuerte, otra dependiente; una mona, otra no tanto; una workadicta, la otra no; una jefa, la otra también pero menos...).

Después de tragarme de un soplo todo estos años de relación, al principio dulce pero con el tiempo tormentosa, además del plus de los cuernos de Maca con Vero, he llegado a una conclusión: estas lesbianas de Hospital Central son asexuales, como las amebas. Se dan besitos, sí muchos, pero punto. Vamos, que tienen que llevar un calentón de a mil, porque jamás las he visto pegándose un revolcón, tocándose el culo o ni tan siquiera empezando a desnudarse para tener relaciones sexuales. Y quien tenga constancia de lo contrario, que sea valiente y ponga aquí el capítulo en el que puede verse esa escena. ¿Habrá visto alguna vez Maca a Esther como Dios la trajo al mundo? ¿Dormirían en la misma cama cuando vivían juntas?

Supongo que los guionistas no acaban de atreverse a introducir una escena explícita de sexo entre dos mujeres en hora de máxima audiencia. Un accidente de avión sí, claro, con los cuerpecillos calcinados por ahí esparcidos, pero dos mujeres en pelotas -¡qué digo!, ni siquiera haría falta que fuera en pelotas, con que salieran en top less ya sería suficiente- es indecente. Y todo ello, he de decir, con el respeto que me causa que fueran capaces de casar a dos tías en la tele nada más aprobarse el matrimonio homosexual y que tengan tres personajes lésbiscos en el reparto, pero molaría un poquito más de voltaje, ¿no? Y sino que vean un capítulo de The L Word o el quinto de esta temporada de House, por ejemplo, para coger ideas.

Toda esta reflexión lleva algún tiempo rondando por mi cabeza, para ser más exacta desde hace un mes y pico, cuando me enganché a esta serie. Pero lo que ha hecho que me decida a dejarla aquí plasmada ha sido esta noticia: el segundo canal de la televisión pública italiana, la RAI2, ha emitido una versión edulcorada de Brokeback Mountain, sin besos, ni caricias, ni una escena que dejara entrever la homosexualidad de los dos vaqueros macizorros y machotes.

Supongo que esto es una "berlusconada" más -con tanta mala leche cómo no se le va a caer el pelo y no le van a salir arrugas. Ni todo el bótox del mundo puede corregir ese rictus agrio-. "Lo que no se ve no existe, así que si yo me puedo maquillar para estar mono, pues cortamos las escenas que no son monas", habrá pensado ese tipejo. Así que la RAI censura, corta sin piedad una película que es una obra de arte, así, tan ricamente.

Lo de Tele5 es menos grave, sí, sin lugar a dudas. Además en su descargo hay que decir que creo que Hospital Central tampoco se prodiga en escenas de sexo entre heterosexuales -si me equivoco que alguien me corrija, por favor-. Pero lo cierto es que se le agradecería que enseñara un pelín más, porque hay a mujeres que nos mola eso de acostarnos con mujeres y que lo disfrutamos muy, pero que muy mucho.


* Por cierto, a quien le guste Hospital Central, que le eche un vistazo a este blog y a su explicación sobre el gafe de ciertos personajes. Sin desperdicio.

martes, noviembre 18, 2008

Pluma, pluma gay

Existen dos tipos de lesbianas: las que tienen pluma y las que no la tienen. Yo, mucho me temo, pertenezco al primero de los grupos. A pesar de que llevo años resistiéndome con uñas y dientes a confesarlo y a reconocer ante mí misma y ante el mundo entero esta, a todas luces, clara evidencia, creo que ha llegado el momento de tomar conciencia de cómo soy.

Mi pluma es soterrada, tipo "a buena entendedora pocas palabras bastan". De ésas que haría preguntarse al heterosexual compañero de trabajo "¿podría ser que a esta tía le gusten las tías?" -si no estuviera ya fuerísima del armario, claro- y de ésas que hace que la monitora del gimnasio te guiñe un ojo cuando al entrar en la clase de spinning en un claro gesto de camadería lésbica.

Aunque es cierto que en ropa de deporte gano mucho -mis horas en el gimnasio y el pago religioso de mis cuotas me ha costado- y pudiera ser que en realidad lo que quisiera la profesora de spinning con ese guiño sea ligar conmigo, lo que me molaría muchísimo más que simplemente me guiñara por camadería lésbica.

Mi pluma es de ésas que puede llegar a provocar que una compañera de clase de Facultad con la que jamás has intercambiando más de dos palabras te asalte enmedio del patio para invitarte a tomar un café con ella, le des esquinazo y vuelva a insistir dos semanas más tardes en que la acompañes a tomar una copa, con el único objetivo de sonsacarte si entiendes o no. "Sí, sí que entiendo. ¿Llevo un cartel que lo pone o qué?". "Bueno, lo cierto es que mis amigas y yo lo sospechábamos desde hace tiempo".

Desde aquello de la facultad ha pasado mucho tiempo, 14 años, si no me falla la memoria, pero creo que el cartel aún lo llevo colocado, tan colocado como para que una, en principio, estirada y trajeada ejecutiva, acabara al final de una comida de trabajo, tras varias copas de vino y un par de horas de conversación, enseñándome Blackberry en ristre las fotografías de sus dos perros e invitándome a pasar un fin de semana en los Pirineos 'by the face'.

Durante los 14 años me he pasado una buena parte del tiempo intentando quitarme ese cartel de encima pero, como ya he dicho, cualquier intento ha sido infructuoso. Así que ahora he decidido hacer las paces con mi pluma y mientras me sirva para lograr cafés gratis, guiños en el gimnasio y fines de semana en los Pirineos, pues bienvenida sea.







jueves, octubre 23, 2008

"Llamadnos amantes"













"Con todos los respetos para Susan, nunca nos gustaron las palabras pareja o compañera. Susan nunca las usaba. Yo no las usé. Era una relación en todas las dimensiones. Llamadnos amantes".
Annie Leibovitz.

No sé si es un fuego de artificio más de Annie Leibovitz, como sus fotografías, o una declaración amor. Lo cierto es que es de lo más sugerente. ¿Quién no desea tener un amante?

*La imagen de la izquierda es de Susan Sontag fotografiada por su amante. Y la de derecha, pues es Leivobitz fotografiada por Sontag (la fotógrafa cazada por la teórica, ¡ja!) .

martes, octubre 21, 2008

Gustos

Tengo un compañero de trabajo empeñado en conocer cuáles son mis gustos. Cada vez que caza la foto de una supermodelaza en tetas me la enseña con la intención de que le dé el visto bueno o que le argumente por qué pasaría de ella.

- Mira, ¡qué pedazo de tía! ¿Eh? ¿Te gusta? ¿Te gusta?
- Pues la verdad es que no.
- Pero si está buenorra, buenorra.
- No es mi tipo. Ya te he dicho que las modelos esas anoréxicas no me gustan.
- Entonces, ¿qué tías te gustan?

Para empezar me gustan las tías a las que yo creo que puedo gustarles, es decir, las que entienden o tienen posibilidad de entender. No sé por qué pero tengo un radar que se fija de manera selectiva en mujeres que son lesbianas sabiéndolo y aceptándolo, que lo son sin saberlo en ese momento pero que con el paso de los años lo descubren o en mujeres que quieren, sin más, probar qué es estar con una mujer, aunque eso las acabe atando a una relación de varios años. Vamos, que no me pasa lo mismo que a Camilo Sesto, que el pobre siempre se iba a enamorar de quien de él no se enamora.

Hasta el momento mi radar no se ha equivocado jamás y cuando apuntaba hacia Angelina Jolie, pues por algo era. Sin embargo, he de confesarlo, siempre he tenido predilección hacia las deportistas macizorras, esas tías cuadradas que están todo el día haciendo pesas, corriendo, lanzando jabalinas o cualquier otro instrumento y sudando de lo lindo. Y ahí, mi radar, tampoco se ha equivocado: el deporte es un campo abonado al ligoteo muy, pero que muy interesante para cualquier lesbiana de pro. Creo que éste es mi lado frívolo y superficial. También lo podríamos llamar estético, ¿por qué no?

Es curioso, porque a los tíos les suelen dar susto las tías fuertes... Pero a mí me parecen de lo más molón. En este punto tengo que hacer un inciso: ¡Bendito gimnasio, alegría de cada mediodía! De hecho, una vez tuve una novia atleta -este post ha nacido a raíz de un comentario que le he dejado al respecto a El Malvado Ming-, de esas cuadradas 2x2, pero al final una relación resulta demasiado agotadora: sólo entrenan, así que ni se sale, ni se trasnocha, ni se bebe, ni se come, ni se f... ni se hace nada, vamos. Esa vida monacal no es para mí.

En el lado opuesto, pues, he de confesarlo, también me gustan las intelectuales. ¡Mi amada Bette! Ésas que les dan vuelta a todo, que son capaces de levantarse a las seis de la mañana para hacer la fotografía de un amanecer, que pueden provocarte con una sola palabra, que se conocen las escuelas más innovadoras en psicología, que te ganan con palabras de nueve letras al Scrabble o que usan la dialéctica para desarmarte y hacerte caer rendida y muda -porque ya no te queda opción de réplica- a sus pies.

Y cómo no, me pirran la mujeres que tienen sentido del humor.

* Como sobre gustos no hay nada escrito, espero que dejéis escritos por aquí vuestros gustos y, después, me comprometo a hacer un post con el prototipo de mujer deseado por las lesbianas.

** La fotografía es del culo de una de esas atletas macizorras. Para alegrar un poquito la vista, ¿no?

sábado, octubre 18, 2008

Integrismo lésbico


Puede que esta entrada disgute a alguna de las que llegáis hasta este blog, pero tenía que escribirla tarde o temprano porque es toda una declaración de principios: creo firmemente que hay un integrismo lésbico, peligroso y tóxico. Yo conocí a una pareja que lo tenía claro: las lesbianas somos seres superiores, pensaban.

Lo cierto es que, ahora echando la vista atrás, creo que fue la primera pareja de lesbianas fuera del armario que conocí. Hablamos de mediados de los 90, cuando yo ocultaba que mi novia lo era a todo Dios. Sólo éramos muy buenas amigas. Por aquel entonces una compañera de la Facultad -mi actual amor- comenzó a tirarme los tejos. Ella y sus colegas se dedicaban a espiarme -me lo contó después- en el patio de la Universidad y a hacer conjeturas sobre si yo entendía o no.

Un buen día -bendito alcohol- mi actual amor se decidió a ligar conmigo enmedio de una fiesta de lo más ñoña, yo piqué y en el pack iban incluidas sus mejores amigas, entre las que se encontraba esta pareja de integristas: dos tías rubias, superfemeninas y por las que los tíos perdían el culo. Una de ellas estudiaba música, era delicada, etérea y sensual, y no era difícil quedarte embobada oyéndola tocar el instrumento -musical, por supuesto-. La otra estudiaba lo mismo que nosotras, era guerrera, categórica al hablar -de esas que levantan y agitan el dedo índice para parecer más firmes- y, en apariencia, con las ideas muy claras.

Defendían con beligerencia la supremacía del sexo femenino, veían a los heterosexuales como una pandilla de conformistas adocenados que se negaba a llegar a la esencia de su ser y que elegía la salida más fácil para llevar una vida acorde con lo esperado. Esgrimían que el mejor sexo era el que podían tener dos mujeres y sólo querían salir por sitios de ambiente y, por supuesto, con gays, porque la presencia de un heterosexual significaba llevar a un mirón infiltrado en el grupo.

Los armarios había que quemarlos todos y echar a patadas a los que estaban dentro y las únicas dos películas que merecía la pena ir a ver en el cine eran 'Go fish' y 'Cuando cae la noche' -por cierto, de ésta me regalaron un póster en un cumpleaños-. La esencia de la persona era homosexual. Lo demás era un cuento, una máscara para no hacer frente a la realidad.

Yo soy más relativa: pienso que cada cual es como es, aunque haya gente que se niegue la posibilidad de ser como es, pero hay que respetarla. Pienso que al igual que a nosotras nos gusta estar con otra mujer, pues hay a tías a las que le encanta estar con un tío y viceversa. Y creo que no todo el mundo es homosexual por designio divino, al igual que todo el mundo no es heterosexual.

Mi amor comparte -lo hemos hablado- este punto de vista, el mismo que teníamos hace ya la friolera de 12 años, demasiadas diferencias con esta pareja de amigas, que acabó en una ruptura cantada.

Pero el tiempo pone a cada uno en su sitio. Hace tres o cuatro años nos encontramos con la música en la boda de un amigo -heterosexual- común. Nos vio a mi amor y a mí, nos reconoció, desvió la vista y siguió de largo sin darnos siquiera la opción de saludar. Nuestro amigo nos contó que ahora estaba casada, con un músico, por supuesto. Y su ex pues había seguido el mismo camino de perdición heterosexual.

*La fotografía es un fotograma de 'Cuando cae la noche', película más que recomendable, al igual que 'Go fish'.

** Insisto: no tengo resistencia a escribir.


viernes, octubre 03, 2008

¿Seré ya como Bette?

Es posible que sea ya como Bette y no me haya dado cuenta hasta ahora. Se me ha tenido que poner delante el blog de pobreniñopijo, quien se ha dedicado a analizar a los personajes de The L Word desde el punto de vista de algo que se llama eneagrama y quien ha hecho que sufra uno de los mayores shocks de mi vida


Al parecer eso del eneagrama es un sistema de análisis de los tipos de personalidad inventado por los sufíes y que, a día de hoy, hay gente que todavía se toma en serio. Este pobreniñopijo dice que Bette es lo que el eneagrama denominaría un tres social, lo que significa que es una persona eficiente, atractiva, simpática, con gran habilidad social, muy segura de sí misma por fuera pero insegura por dentro, optimista, exigente y asertiva.


Hasta ahí pues he de decir que sí, que yo soy eficiente -a decir verdad soy capaz de sacar el trabajo de toda una tarde en un pimpampum-, también soy simpática -irónica y capaz de hacer chascarrillos varios sobre todo, la prueba es este blog-, además soy segura, exigente -conmigo y con los demás, y si no que se lo pregunten a mis becarios-, optimista -sé que la lotería tocará algún día-, asertiva -sí que lo soy- y competitiva -¿para qué jugar al pádel sino para machacar al que está enfrente?-.


Eso es lo positivo, vale. Hasta ahí todo correcto, porque lo cierto es que, con el rollito del eneagrama ese pobreniñopijo, acaba poniendo a Bette -y quizás también a mí, y yo sin saberlo- de vuelta y media. Resulta que los tres sociales esos también son "falsos, con una personalidad que oscila entre la frialdad y la calidez, mordaces, distantes, controladores, frívolos, materialistas y adictos al trabajo y vanidosos", cuenta. ¿Es en realidad así mi Bette? ¿Realmente eso es lo que oculta su inmaculada sonrisa y quizás la mía, que no es inmanculada pero sí que es sonrisa al fin y al cabo?


Me niego a pensar que ambas seamos así. Hombre, me gusta tener cosas buenas, ¿a quién no?, y si hay que pagar por ellas, pues qué le vamos a hacer. Y en cuanto a la adicción al trabajo, pues de aire no vive el hombre -en este caso la mujer independiente y que tienen que buscarse la vida por sí misma- y lo cierto es que en un trabajo como el mío requiere, para ser hecho bien, una dedicación plena, tener todo el día el móvil encendido y... Los puntos suspensivos son porque estoy empezando a asustarme. Quizás sí que me parezco a Bette más de lo que creo, aunque no posea su porte, su saber estar y todavía no me llegue para comprarme el Saab descapotable.


* Incluyo el link a otra página que he hallado en la que vienen fotografías de bastantes tres famosos. En esta web también aparece qué número sería Tina, la malograda Dana y Kit.