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martes, febrero 08, 2011

Arianna Huffington y 'The L Word'

La mujer de moda del día es Arianna Huffington. Ha vendido su periódico digital, que lleva su nombre y que lo creó hace sólo seis años, a AOL por 231 millones de euros. Este medio se caracteriza por hacer un periodismo de calidad que cuenta historias y con una comunidad de miles de blogs.

Esta mujer no tuvo, en 1998, reparos en reconocer que es bisexual  y desde entonces es activista del movimiento LGTB. Incluso salió en el primer capítulo de la segunda temporada de 'The L Word' interpretándose a ella misma. ¿Recordáis cuando Shane tiene que ir a peinar a una periodista y ahí conoce a Carmen? Pues esa periodista es Arianna Huffington. Se lo he leído a Yolanda Monge en elpais.com y me ha parecido curioso, a la par que triste: ¿por qué no habrá en España ninguna mujer poderosa que sea capaz de reconocer que es homosexual o bisexual?

viernes, agosto 20, 2010

Colaboranding

Supongo que la palabreja no existe, pero mola. El señor García Francés me propuso hace unos días que colaborara con él en su blog, ahora revista, contando historias sobre lesbianas y le dije que sí. Así que por allí ando también, por si alguien se anima a hacer una visita.

miércoles, marzo 24, 2010

Final hetero, final feliz



Acabo de ver que mi blog ha superado las 10.000 visitas, así que me ha dado un subidón del quince y, aunque estoy en el trabajo, me he lanzado de tapadillo como una posesa a actualizarlo: "mis lectoras se merecen un post nuevo", he pensado cual escritor mesiánico. Así que aquí estoy, encomendada a la tarea de escribir algo nuevo y sin saber sobre qué hacerlo...

[...]

Tras un rato de navegación encuentro la inspiración: Leo en la web cinelgbt.com que Malasia va a permitir por fin que haya personajes homosexuales en las películas que allí se hacen, eso sí, siempre que acaben en "fimal feliz", es decir, siempre que se transformen en heterosexuales.

Por mucho que nos impresione, ese horror de la transformación del homosexual en heterosexual es algo a lo que ya hemos asistido, y repetidas veces. ¿Nadie se acuerda cuando a mi admirada Tina Kennard le da por irse a vivir con un aburrido tipejo que se corta las uñas de los pies enmedio del salón de la casa? Creo que todo ese horror sucede en la tercera temporada de The L Word, la que, he de confesar, he rehusado una y otra vez volver a ver porque no soy partidaria de escenas como ésta, que pueden herir la sensibilidad de las 'lesbiespectadoras'.

También es cierto que esa transformación, reversible por cierto, se produce después de tirarse a todo el bollerío de Los Ángeles  mientras estaba preñada. Después, vaya por Dios, le dio por ir de 'straight', pero duró poco.

Permanente sí ha sido una transformación, ésta en la vida real, o al menos en la mediática, porque de ella sólo sabemos a través de los medios de comunicación: hablo aquí de la macizorra Angelina Jolie, quien cambió sus escarceos con tipas que a buen seguro estaban buenísimas por una relación con el soso Brad Pitt y por el pastoreo de un rebaño de niños a los que llevan cual ovejas de un país a otro. Aunque lo cierto es que están a un tris de separarse, así que de final heterosexual, nada de nada. Seguro que acaba con una tipa que la entienda y a la que ella entienda. Que tomen los malayos nota: el final feliz no es siempre el heterosexual.
  

jueves, abril 24, 2008

"Los de en medio"

Mi intención al comenzar este blog era, inspirándome en historias de la serie, contar historias relacionadas conmigo o con gente que conozco. Hasta ahora, así lo he hecho, pero un cretino ha logrado que deje a un lado el espíritu con el que nació esta web para narrar lo inenarrable. Vamos, que a ninguno de los guionistas The L Word se le hubiera ocurrido en la vida inventar un personaje tan estúpido como el que tuve el disgusto de conocer el otro día.

Todo sucedió en una
comida de trabajo. Sí, además de escribir este blog tengo una vida paralela seria que me hace tener comidas de trabajo de vez en cuando en las que he de mostrarme educada, cabal y, en más ocasiones de las deseadas, carente de ironía.

En una de esas es donde
conocí este personajillo, todo sonrisa y director de ventas de no sé donde que ya había comenzado en los aperitivos intentando hacerse el gracioso. Sin embargo, la conversación derivó de manera inevitable hacia la paridad en el nuevo Gobierno de Zapatero. Él insistía en que no hacía falta que hubiera más ministras que ministros porque las mujeres ya mandamos. De hecho, aseguraba, en su casa la que manda realmente es su mujer -lo que por supuesto no discuto, porque con semejante zoquete-.

En la mesa éramos tres mujeres y siete hombres. La mayoría de estos últimos le daban la razón, por supuesto. ¿Para qué queremos que haya paridad, si ya somos nosotras las que llevamos los pantalones?, argumentaban. Yo, como podía e intentando ser cabal, defendía mi postura, hasta que ese personajillo tocó lo intocable: sí,
se mofó de que Carme Chacón fuera la nueva ministra de Defensa. Yo, que llegaba calentita por un articulazo de Lucía Méndez que me había leído ese día por la mañana en El Mundo, no me pude callar y le solté la primera fresca del día. Algo así que como seguro que su mujer no había estado impedida para fregar los platos cuando estaba embarazada y que igual sí que le habían pedido ascender en su empresa por eso...

Entonces ese gran personaje reculó un poco y
dijo algo referente a "los de enmedio", a cómo están ahora, según él, premiándolos, después de lo que soltó una sonora carcajada.

- ¿A qué te refieres con los de en medio?-le pregunté yo-.

-Sí, los de en medio. Eso que está ahora tan de moda -me contestó-.

- No te entiendo -le contesté ya con cierto
tono chulesco y ante la mirada aterrada de algunos compañeros de mesa que ya veían venir el cataclismo-.

- Sí, mujer. Los gays y las lesbianas, que ahora a todo el mundo le ha dado por ser de eso.

No pude evitarlo. Me agarré a la mesa, eché el cuerpo para adelante y con toda la calma de la que fui capaz le dije:

- Pues la verdad es que ni a mi novia ni a mí nos ha influido nunca en el trabajo, ni de forma positiva ni negativa, ser lesbianas.

Una risita nerviosa afloró de sus labios, desistió de seguir debatiendo sobre el asunto y cambió de conversación. El único inconveniente fue que esta escena se produjo en el primer plato y tuve que aguantarlo a escasos dos metros durante el segundo plato, un tercero que pusieron, el antepostre y el postre. Fui incapaz de aguantar hasta el café.