Pues sí: Duran i Lleida nos ha dado una fuente de inspiración para los días anteriores al del orgullo y un motivo más para echarnos a la calle. Gracias, señor diputado, porque por mucho que intente matizar sus palabras, lo escrito, escrito está. Y en lo que ha escrito en su blog deja claro que está "en contra de represaliar a las personas que intentan controlar su homosexualidad o modificarla".
Ayer lo escuché en la Ser intentando matizar lo que había escrito y, en sus matizaciones, se perdía aún más: argumentaba que al igual que el heterosexual que "decide" ser gay puede echar mano de un psiquiatra, ¿qué de malo hay en qué alguien que se quiere salir de homosexual reciba asistencia psiquiátrica?
Usted confunde los verbos ser y estar. Gay se es. Heterosexual, también se es. Lo que no quita que se pueda ser también bisexual y que, por muy lesbianas que seamos, cuando conocemos a un tío que nos atrae nos apetezca echar un polvo. Ante todo somos seres sexuales y nos pueden atraer hombres, mujeres o ambos. El problema viene es la aceptación propia: la homosexualidad ha estado condenada, se ha visto como algo anti natural, y ahí, a la hora de socializarnos como personas de forma independiente a nuestra orientación sexual, es donde hemos tenido que echar mano de psicólogos.
Todo este debate me trae a la cabeza uno de los últimos capítulos de House: un novio se desploma justo antes de dar el sí quiero a su bella esposa. A medida que capítulo avanza nos enteramos de que era gay y, para intentar huir de la tentación de querer a otro hombre, recurre a psiquiatras que lo atiborran a pastillas y lo fríen a electroshocks. La verdad es que no me acuerdo si la causa de su enfermedad estaba o no relacionada con esta terapia al más puro estilo 'La naranja mecánica', pero sí que me flipó que un argumento tan en desuso en estos días -sí, a veces peco de inocente- pudiera servir para un capítulo de House.
"Por favor, a estas alturas, ¿quién va querer 'curarse la homosexualidad?", pensé cuando vi el capítulo. Se ve que usted, señor Duran i Lleida, tiene claro que aún hay gente que quiere curarse. Lo triste sería que padres con niños gays menores de edad también lo pensaran y que, total, pues ya que hay una clínica en la que eso se cura opten por llevar allí a sus hijos.
P.D. Supongo que ya se habrá leído este reportaje, pero por si no fuera así, se lo enlazo desde aquí.
Historias de lesbianas españolas aderazadas con un toque de ironía y un pelín de mala leche
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jueves, junio 24, 2010
miércoles, febrero 20, 2008
Rajoy la caga

Vuelvo al mismo tiempo que la quinta temporada de The L word y no puedo más que mostrar mi asombro por el gran parecido que hay entre ficción y realidad. Las seguidoras de esta serie asistimos aterradas a cómo la sociedad yanqui, esa que ha aceptado que Bush sea su presidente durante dos legislaturas, sigue vetando a los homosexuales su visibilidad en el ejército. ¡Hay esa pobre Tasha qué mal lo está pasando!
Pero por aquí, lamentablemente, hay algunos que le van a la zaga, y sino que se lo pregunten a Rajoy y su guardia pretoriana -los señores Acebes y Zaplana- queriendo quitarnos los derechos que hemos adquirido. Están convencidos de que no debemos adoptar niños y de que una unión de dos personas del mismo sexo no se puede llamar matrimonio. Habría que preguntarle a esos señores del Opus si se le puede llamar matrimonio a una unión sólo concebida para tener críos.
Afortundamente, hay alguien empeñado dentro de su propio partido en ponerle piedras a Rajoy en la campaña para que la cague y se caiga con todo su equipo -¡bien!-. Ojalá sea así y se abra el paso a la gente más moderada del PP, dentro del que por supuesto también hay un buen puñado de gays y, algunos de ellos, en puestos de mucha responsabilidad. Léase alcaldes de algunos municipios costeros andaluces, de esos que andan ahora a vueltas con el urbanismo. La solución quizás sería que salieran del amario.
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