Tengo amigas que de vez en cuando tienen ideas locas. ¿O quizás no son tan locas? Expongo aquí una, por si alguien la ha llevado a la práctica o conoce a alguien que lo haya intentado y pueda decirme si es o no viable.
El debate surgió anoche con unas copas de vino delante, hablando de uno de los temas preferidos de conversación de las lesbianas treinteañeras: la inseminación artificial. Que si es muy cara, que si es un proceso largo y laborioso... Fue en ese momento cuando alguien le propuso a mi amiga la Biendicha -hetero convencida y militante- llevar a la práctica esa idea loca:
-La próxima vez que te acuestes con un tío, guarda el preservativo, me llamas, voy corriendo, cogemos el semen y a ver si hay suerte y me quedo embarazada
-La próxima vez que te acuestes con un tío, guarda el preservativo, me llamas, voy corriendo, cogemos el semen y a ver si hay suerte y me quedo embarazada
-Ah, pues no es mala idea. Lo que deberíamos es mirar en Google cuál es la temperatura adecuada para guardar el semen. Porque digo yo, que eso guardándolo a la temperatura que hay que guardarlo, aguanta, ¿no?- argumentó la Biendicha.
Mi memoria histórica me llevó al primer capítulo de The L Word, ése en el que Bette y Tina intentan quedarse embarazadas y recogen el semen del donante en un botecito que llevan en el coche. Oye, pues igual es posible hacerlo así a cascaporro... No puede ser tan fácil. ¿Verdad?




